viernes, 28 de abril de 2017

Legado

Algún día mis hijas leerán textos ocultos entre cada letra de mis libros y descubrirán que los escribí para ellas. Seguramente ya no estaré en esta tierra, pero ese legado quedará para siempre entre el olor de las bibliotecas, de las flores húmedas de la alborada.

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Mujer leyendo libro de Scott Harding

domingo, 23 de abril de 2017

Carlos y Francisco unidos en la memoria de los pueblos

Carlos Talens y Francisco González, fueron fusilados en dos puntos diferentes de la geografía del estado español, el primero en Paterna, el segundo en Las Palmas, los dos fueron arrojados a fosas comunes de los respectivos cementerios municipales, ahí siguen esperando que se haga justicia y reparación, que sus huesos puedan ser recuperados por sus hijos de 80 y 91 años.

Carlos Talens
Silvia Talens es mi amiga y compañera de lucha, ambos estamos comprometidos en la memoria, la verdad y la dignidad, cada día nos despertamos con la referencia moral de nuestros abuelos, eso nos da fuerzas para seguir bregando cada uno en su universo vital, ella en Madrid, yo en Canarias, cada uno creemos firmemente en que un día no muy lejano veremos los ojos llorosos de nuestros padres, felices, en ese momento entrañable de recuperar esos restos amados, darles sepultura digna, tener algo tan sencillo y justo como un lugar donde ponerles flores, para que nuestras familias sepan para siempre que allí reposan unos huesos justos y nobles.

Carlos, 26 años recién cumplidos, miliciano anarquista, Francisco, 41 años, sindicalista comunista, los dos pasados por las armas por defender la libertad, la democracia y los derechos de la clase trabajadora.

Estamos seguros Silvia y yo que si hubieran sobrevivido los habríamos conocido y disfrutado en sus rodillas de sus historias, de sus caricias, de sus juegos, de esos corazones nobles y buenos que fueron capaces de resistir en defensa de los desposeídos de la tierra, del amor verdadero, el revolucionario, el que brota en cada flor roja o negra en la alborada gloriosa de los pueblos.

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Francisco González

viernes, 21 de abril de 2017

Pintando esperanza en la Casa del Niño

Una vez asesinaron a mi tío Braulio, el bebé de cuatro meses en su cuna, y que posteriormente fusilaran a mi abuelo Francisco en La Isleta, se llevaron a mi padre y a uno de sus hermanos para ingresarlos en la Casa del Niño, la residencia que montó la dictadura fascista en Las Palmas para “adoctrinar” a los hijos de los fusilados y desaparecidos en toda la isla de Gran Canaria.

El viejo, ahora con 91 años, todavía sin poder recuperar los restos de su padre de la fosa común del cementerio de Las Palmas, me cuenta como se le vino el mundo encima cuando lo sacaron en aquel coche negro, inmenso, con sillones de cuero marrón de su humilde casita en Tamaraceite, su hermano Paco lloraba sin parar, el traslado por la carretera general hasta el barrio de San José, donde lo esperaban en la puerta varios falangistas muy jóvenes, vestidos de azul, correajes y pistola al cinto, junto a cinco monjas con hábitos negros que los metieron en las oscuras y siniestras dependencias.

Mi abuela Lola sabía que allí se robaban y vendían niños a familias con dinero vinculadas al nuevo régimen fascista, por eso se pasaba varios días a la semana y se quedaba sentada enfrente vigilante, esperando que sacaran a sus hijos en cualquier momento hacia un destino desconocido.

Lo que sucedió dentro en todos esos años es muy largo de contar, se puede sintetizar en la profundidad de los ojos de mi padre, allí habita todo ese recuerdo. Los sentimientos de los niños secuestrados por aquella marabunta de asesinos, la soledad, la oscuridad de las literas, los abusos sexuales por parte de los curas pederastas, el maltrato generalizado, la ausencia de referencias familiares, el castigo, el rezo, el miedo al diablo, la culpabilización y el alejamiento de un antiguo universo de amor y cariño.

Ahora tantos años después este recinto del horror nacional católico está abandonado, ruinoso, en manos de un patronato de los de antes, de los creados por la sanguinaria dictadura para administrar todo ese patrimonio del dolor.

Un Comité Popular, integrado por decenas de personas y colectivos conscientes, quiere que este espacio se recupere para el pueblo, que tenga un adecuado uso sociocultural, que sus paredes oscuras se llenen de colores, de participación, de música, de teatro, de danza, de pintura, de cerámica, de cultura popular para todas y todos, de talleres donde las niñas y los niños puedan escuchar cuentos, disfrutar, corretear, jugar, arrancar y destruir sin saberlo cada gramo de tristeza que habita los rincones indescifrables de esta casa de la muerte.

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Ruinas de la Casa del Niño (ALEJANDRO RAMOS)

jueves, 20 de abril de 2017

Falacias sangrientas del embajador marroquí ante la ONU

Una monarquía criminal como es la marroquí con miles de asesinatos saharauis a sus espaldas, todo tipo de violaciones de los derechos humanos, torturas abominables sobre quienes defienden algo tan digno como la recuperación de su país en el Sahara Occidental vendido por el fascismo español al sátrapa rey de Marruecos.

El embajador de la sanguinaria dictadura alauita, Omar Hilale, se atrevió a cuestionar y a criticar en una reunión en la sede de Naciones Unidas al legítimo gobierno de Venezuela, ante las palabras del embajador bolivariano, que exigió que se cumplan los Objetivos de Desarrollo Durable en “los territorios ocupados de Palestina y el Sahara Occidental”.

Mujer saharaui torturada por la policía marroquí

Un régimen que tiene las manos manchadas de sangre, que ha cometido todo tipo de brutales atrocidades contra el heroico pueblo que sufre su ilegal invasión, la violencia ilimitada de su policía política, de un ejército genocida que viola y asesina mujeres y niños, que ha obligado a que este digno pueblo tenga que subsistir en los campos de refugiados de Tinduf en Argelia entre arena y temperaturas terribles.

Habla Hilale de “que en el Sahara marroquí, los hombres, las mujeres y los niños están bien alimentados, no pasan hambre y no atraviesan fronteras para aprovisionarse de alimentos básicos, como sucede actualmente en Venezuela”, mentiras y más mentiras que enrojecen de vergüenza.

Su ponzoñoso alegato falsea una realidad que golpea el corazón de la humanidad, que justifica un genocidio y todo tipo de crímenes de lesa humanidad. Se trata de seguir arrinconando al gobierno venezolano contra las cuerdas de un sistema que no tiene escrúpulos para bombardear población civil en Siria, Libia, Afganistán, Irak, Yemen…, invadir, asesinar, financiar como hace el régimen marroquí a organizaciones terroristas internacionales para conseguir prebendas y favores de la Unión Europea o los Estados Unidos. 

La dignidad de los pueblos saharaui y venezolano está muy por encima de monarquías podridas y corruptas como la marroquí, la fraternidad de los pueblos del mundo que no se dejan pisotear como el palestino, el sirio, el cubano, supera cualquier alegato de lenguas impregnadas de odio y maldad.

La reina Leticia de Borbón con el criminal monarca marroquí

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domingo, 16 de abril de 2017

Estiércol y sahumerios

En la procesión del sábado santo del 68 yo iba de la mano de mi madre por La Montañeta, la zona más antigua de Tamaraceite, el cura sudaba copiosamente por su excesiva gordura, sotana negra, custodiaba aquel Cristo ensangrentado junto a los asesinos que encabezaban la comitiva solemne, vestidos de negro, del brazo de sus mujeres enlutadas, con mantilla y rosarios colgados de sus cuellos al ritmo de la banda militar.

Olía a una mezcla de estiércol y sahumerios, la gente no paraba de cantar, ¡Perdona a tu pueblo, Señor, perdona a tu pueblo, perdónale, Señor! Yo creía que se arrepentían de los crímenes cometidos escasos años antes, pero los falangistas desfilando marciales echaron por tierra mi santa inocencia.

Aquellos hombres de azul y correajes se movían ágiles por la estrecha calle del Paseo de los Mártires, sus jefes miraban amenazantes a las familias de las personas asesinadas tras el golpe fascista del 36, mi madre bajaba la vista y no me soltaba la mano, acostumbrada a tantos años de humillaciones por ser hija de un represaliado, por estar casada con un hijo y hermano de asesinados por el fascismo español.

El cura rezaba en voz alta, casi gritaba, resonaba como un trueno, a mi me daba miedo todo aquel ritual de esa semana, la oscuridad, las llagas, las heridas de ese Dios todopoderoso que parecía estar al lado de quienes habían masacrado a mis seres queridos, detrás la Virgen de negro venía arropada por más mujeres también de luto que lloraban como si todo fuera real, como si todo aquello no hubiera sucedido hacía miles de años en otra parte del planeta.

Apretaba asustado la mano de mi madre, le dije que quería irme, que no aguantaba más esa lenta letanía, el ruido de las botas militares, aquellos ojos repletos de odio, el olor inaguantable que me removía las tripas, el temor a que aquel tipo de repente empezará a parpadear y se bajara de la cruz, que me llevara a rastras a algún lugar más tétrico, lúgubre y triste.

El diablo era mentado con mucho temor por las viejas de peineta cuando pasaban por la calle Judas, era un diablo rojo, negro, libertario, un diablo con rabo y cuernos, que odiaba a los terratenientes, a los que ejercían el derecho de pernada, a quienes mataban de hambre y explotaban a la clase trabajadora.

No tuve tiempo de ver más, mi madre accedió a mi petición y se desvió discretamente por la empinada cuesta abajo hacia la Carretera General, al rato pasábamos delante de la policía municipal, Lola me dijo en voz baja que ese era el ayuntamiento de los comunistas, que ella era muy niña pero que escuchó los disparos de los fascistas cuando vinieron a asesinar y desaparecer a lo mejor de nuestro pueblo.

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El Jesús del Gran Poder presidido por el criminal fascista Queipo de LLano

jueves, 13 de abril de 2017

El partisano de la memoria

El jodido ictus le había borrado lo más íntimo de su memoria partisana, aquella parte heroica de cuando “El canario” galopaba entre los tanques nazis con los bolsillos de la raída chaqueta repletos de granadas. Parecía un leopardo indomable con su gorra y su barba cana, corriendo ágil, a una velocidad imposible de descifrar por los genocidas, aquellos fascistas que saltaban en pedazos entre la metralla y las humaredas de las calles rojas de sangre del bulevar parisino.

Le costaba recuperar el movimiento de la parte izquierda de su cuerpo, postrado en su cama en el sur de Tenerife, recordaba aquellos años de lucha por la libertad, donde junto a sus camaradas fueron capaces de arrinconar nada menos que a los ejércitos de Hitler en la Francia ocupada.

Allí en Las Galletas el olor del mar inundaba la blanca habitación, las sabanas frescas que cada día cambiaba la joven y bella Rocío, con la que mantenía conversaciones interminables sobre lo divino y lo humano, mientras recuperaba la entonación de su voz, la precisa colocación de sus labios y su lengua en cada palabra, tras el huracán de coágulos que destrozaron la parte más racional de su cerebro.

Miguel miraba por la ventana y pensaba en cuando decidió desaparecer sin honores ni medallas tras la operación en la batalla de las Ardenas, meses después de entrar victoriosos en Paris junto a La Nueve en agosto de 1944, liberando Francia de la “escoria nazi” como la llamaban entre sus compañeros libertarios.

El sueño guerrillero de volver a España para tumbar al franquismo se vio truncado, desilusionado y muy decepcionado después de haber dado lo mejor de su vida, de haber luchado heroicamente, para que luego los aliados le dieran la espalda y se negaran a ayudar a su país, arrodillar al fascismo español, liberar a tantos compañeros presos, torturados y asesinados durante la sangrienta dictadura.

Sabía que todo el mundo lo daba por muerto, era dulce esa sensación, como un cosquilleo agradable en la mente infinita de un anarquista, aquel que solo quería seguir viviendo en libertad los años que le quedaban en la Tierra.

Después de la visita y la charla interminable aquel sábado de abril fue el último que lo vimos, supimos meses después que había partido solo hacia la isla de La Palma, ahí se perdió la pista para siempre, quizá se disolviera como la niebla del atardecer entre los bosques infinitos, rememorando entre la brisa las sonrisas, los rostros de la esperanza.

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Despedida de la madre del hijo partisano (Unión Soviética)

martes, 11 de abril de 2017

El escarnio de las amantes en Semana Santa

-¡Caminen putas marimachas! ¡Rojas de mierda! –Bramaba el jefe requeté, Sebastián Jiménez Sánchez mientras llevaban a las dos muchachas rapadas, encadenadas por el cuello, destrozadas por la tortura y la violación múltiple al pozo de la finca de Los Betancores en Los Giles-

Las sacaron a golpes de la cama esa madrugada cuando dormían abrazadas en su humilde casita de la abuela Matilde en La Milagrosa, tras el chivatazo del cura de Tenoya a los falangistas de que “vivían en pecado y eran afiliadas a la CNT”, fue un lunes muy lluvioso, olía a tierra mojadas y a tabaco Virginio.

Rosa y María del Pino no imaginaron jamás que se verían en aquella situación, solo tenían el carné de un sindicato, nunca habían estado en manifestaciones o huelgas, solo se afiliaron para que defendieran sus derechos como aparceras en los tomateros de aquellos caciques, los que después del sábado 18 de julio del 36 habían puesto sus propiedades y personal al servicio de los fascistas.

Veían como iban desapareciendo a cientos de compañeros, como el rugido de los camiones se escuchaba en las horas nocturnas, el sonido de los pasos de las botas militares, los gritos de quienes eran sacados de sus casas a patadas y culatazos, por eso, por precaución, se encerraron en aquel refugio que les prestaba la anciana abuela de Pino, solo salían para tomar el sol cuando sus últimos rayos inundaban aquel paraje arbolado, perdido entre las montañas de los Altos de San Lorenzo.

Amasaban el gofio cada noche con leche de cabra o hacían queso tierno para acompañar el potaje hecho con los berros de la galería de agua que venía de Ariñez, un líquido frío que parecía aliviar las penas, remozar el alma en aquellos momentos tan tristes, donde parecía que todo el universo libertario se venía abajo, que las esperanzas de un futuro mejor se habían convertido en negros presagios de sangre y muerte.

La mañana del 15 de marzo habían fallecido de tuberculosis las dos niñas pequeñas de los Viera, por eso aparecieron subiendo la cuesta los monaguillos de Tamaraceite junto al viejo y seboso cura tenoyero, parecía un desfile del terror, olía a sahumerio y sintieron la mirada inquisidora del sacerdote con el sucio bonete en su cabeza sudorosa, la sotana negra como el color de los cuervos más siniestros, una de las viejas que atendía la ermita de la virgen del pueblo le había dicho que “estaban juntas”, que “no eran familia” y “dormían en la misma cama”.

Ante el pozo de la finca de “Las máquinas” el conocido como “Verdugo de Tenoya” las seguía golpeando con la pinga de buey, el esbirro de los terratenientes obedecía ordenes del que llamaban “Don Ezequiel”, en el centro de detención ilegal de la calle Luis Antúnez ya les habían hecho de todo, la soldadesca de falangistas, guardias civiles y requetés hicieron el trabajo sucio con aquellas casi niñas que no pasaban de 19 años, era lo habitual con las mujeres más jóvenes, la violación como instrumento de alienación y humillación.

Con las manos atadas a la espalda primero tiraron a Rosa ante los gritos de su amada, esperaron un buen rato para disfrutar de los alaridos de dolor de Pino, los fascistas brindaban con las botellas de ron de caña.

-Malditos cobardes asesinos. –Balbuceó Pino en el momento en que los hombres de azul la alzaban para lanzarla violentamente al vacío-

En lo profundo se escuchó el chasquido del agua, tardó en llegar al fondo, luego el silencio y la lenta retirada de los hombres satisfechos, a pocos kilómetros en Tenoya el cura se acababa de despertar para comenzar los preparativos de una nueva Semana Santa a mediados del 37.

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Mujeres presas rapadas por los franquistas revisadas por un cura

martes, 21 de marzo de 2017

Un festival de cine para el maltrato de los grandes simios

Solo a un ayuntamiento gobernado por pantuflos insensibles se le puede ocurrir sacar un cartel anunciador del Festival Internacional del Cine de Las Palmas con imágenes de grandes simios. Una institución que acaba de aprobar una normativa que prohíbe los espectáculos con animales, pero que permite y potencia un acuario en suelo público a coste cero, la nueva cárcel de animales marinos del feriante propietario del desprestigiado y denunciado internacionalmente zoológico Loro Parque.

Este grupo de gobierno que se autodenomina “del cambio”, integrado por PSOE-Podemos-Nueva Canarias, se saca de la manga una publicidad vergonzosa, que contribuye y colabora con el tráfico y la extinción de nuestros hermanos genéticos, con su ridiculización, tergiversación ante la sociedad de sus comportamientos naturales, sobre todo ante las niñas y niños, que pueden pensar que estos seres inteligentes pueden ir vestidos, usar una cámara de fotos, ponerse ante un micrófono, aparecer con unos auriculares, realizar absurdos gestos y piruetas desnaturalizadas o directamente comportarse como los seres humanos.

Los chimpancés, bonobos, orangutanes y gorilas merecen ser respetados, jamás utilizados en ridículas campañas publicitarias para anunciar cualquier evento, están sufriendo la extinción sistemática, la deforestación de sus selvas, la caza incontrolada, la tortura en laboratorios de experimentación y circos, la cautividad en zoológicos y colecciones privadas de todo tipo de mafiosos.

Cada uno de estos simios que utiliza el ayuntamiento de Las Palmas para su cartel del festival de cine tiene detrás una historia dramática, en muchos casos para capturarlos los traficantes asesinan a toda su familia ya que al ser seres comunitarios defienden hasta la muerte a sus pequeños.

Otros han nacido ya entre las rejas de las jaulas de los criminales mercaderes, son sometidos a todo tipo de malos tratos, adiestramiento a base de golpes para que se comporten como humanos, para que hagan sus mismas estupideces, como en este caso colocar sus ojos ante el objetivo de una cámara.

No entiendo como ninguna organización ecologista de Canarias, ni siquiera el círculo animalista de Podemos, si es que sigue existiendo, se haya manifestado en contra de esta nueva aberración contra los derechos de nuestros compañeros de planeta. Solo el Proyecto Gran Simio lanzará una campaña en unas horas para denunciar en todo el mundo que este ayuntamiento y sus gobernantes son colaboradores directos de los traficantes de animales, en este caso de unos seres de los que apenas nos separa un cromosoma, que merecen tener los mismos derechos universales que disfrutamos los seres humanos.

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domingo, 19 de marzo de 2017

Lazareto de muerte

El “Cabo de vara” le rompió la clavícula a Juan Tejera, que no se quejó, para no darle el gusto a los fascistas de verlo humillado, se quedó en el suelo arrodillado aguantando el inmenso dolor. Sabía que esa madrugada se habían llevado a nueve camaradas para arrojarlos a la Sima de Jinámar, era consciente de que en cualquier momento le podía tocar. 

Se arrastró como pudo hasta la exigua litera de madera del barracón del campo de exterminio de Gando (Gran Canaria), donde dormían cada noche siete hombres destrozados, piel y hueso.

No dejaba de pensar en su amada Frasquita, en posición fetal sintió por unos instantes la calidez y la ternura del interior de las entrañas de su madre.

Los “Cabos de Vara” eran presos que por una ración más de la pestilente comida o por obtener ciertos privilegios, le hacían el trabajo sucio a los fascistas, eran mucho más crueles que los propios falangistas y militares, daban más fuerte con los palos de madera y las pingas de buey, eran brutales para demostrar a sus verdugos que podían ser buenos carniceros sobre sus propios compañeros.

Juan llevaba cinco años en el campo viendo todo tipo de atrocidades, torturas y crímenes, hombres que eran asesinados a golpes en el patio interior en presencia de todos los presos, el maltrato constante por parte de aquellos seres demoniacos, que no tenían suficiente con hacerlos trabajar de sol a sol abriendo ridículas zanjas que luego volvían a cerrar y abrir, en un proceso interminable para el dolor ilimitado y la humillación de quienes sobrevivían entre piojos, chinches y enfermedades mortales como el tifus, que cada semana se llevaba la vida de decenas de compañeros y amigos.

De madrugada llegaban las “Brigadas del amanecer” para llevarse a más reos a los pozos y simas de la isla, sobre todo a la Marfea, donde eran arrojados vivos dentro de sacos atados de pies manos, la mayoría de las veces con piedras dentro para que se hundieran irremisiblemente en el mar.

Después de un día agotador de trabajo esclavo llegaban al barracón y recogían la exigua ración de agua apestosa con algún trozo de verdura, caminaban como zombis por el antiguo lazareto reconvertido en campo de concentración.

No había colchón en las literas, solo algo de paja sobre la dura madera y en el espacio de uno se acomodaban siete, se colocaban de tal forma que pudieran caber en el minúsculo recinto, unos con las piernas hacia arriba, otros con las cabezas en el otro sentido, cada uno sabía cómo colocarse desde el día que asesinaron a golpes al joven sindicalista de la CNT, Pedro “El barbero”, desde que fueron siete el espacio de Perico quedó libre, pero en una especie de ritual sin nombre lo respetaban, parecía que su alma, o lo que fuera, estaba presente en el abrazo nocturno para evitar el frío congelante de aquel marzo de 1940.

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Juan Tejera Pérez en su casa de Tamaraceite pocos años antes de morir

miércoles, 15 de marzo de 2017

Pedimos el mismo trato en cada hueso

Ayer me alegré mucho cuando un buen amigo arqueólogo me filtró la noticia de que se habían encontrado restos de dos cuerpos más en el Pozo de Tenoya, uno de los lugares del horror en la isla de Gran Canaria, donde los fascistas desaparecieron a cientos de luchadores por la democracia y la legítima República.

Cada resto que se encuentra es como avanzar un poco más en el alivio de todo este atávico dolor, en la dignificación de quienes fueron asesinados por defender la libertad, la igualdad, la justicia social.

Esa resurrección moral de cada hueso, que recuperado del barro alivia a las familias de una pena ancestral, la que vive incrustada en lo más profundo de nuestro corazones.

El Ayuntamiento de Arucas y sobre todo el Cabildo de Gran Canaria han cubierto los gastos de esta exhumación en este pozo y en otro cercano, donde ya se han sacado más de veinte cuerpos, que se han podido identificar con las pruebas de ADN en su gran mayoría, entregándolos a las familias para que les puedan dar en un acto de justicia histórica sepultura digna.

Casi medio millón de euros se han gastado por ahora en estas exhumaciones, lo cual me parece de una gran valentía por parte de los diferentes partidos que han presidido esta entidad insular, incluso el PP en la anterior corporación, presidida por José Miguel Bravo de Laguna.

No tiene precio la memoria, la dignidad, la justicia, la verdad, la reparación a las víctimas del genocidio franquista en Canarias y en el resto del estado español.

Lo que no puedo entender es que este mismo esfuerzo político y económico no se haga en la fosa común del cementerio de Las Palmas, el lugar donde reposan los restos de mi abuelo Francisco González Santana,  los del alcalde comunista de San Lorenzo, Juan Santana Vega, fusilados por los mismos criminales de lesa humanidad de los pozos del norte de la isla.

Allí siguen entre el barro y la cal viva, ante la cerrazón del grupo de gobierno del ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, junto a decenas de restos de personas asesinadas brutalmente y arrojadas como basura a este agujero del horror, a los que este mismo equipo de arqueólogos del Cabildo podrían exhumar por un presupuesto muy inferior.. 

¿Hay que afiliarse a un partido para caer bien a ciertos políticos canarios?

¿Hay que llevar un discurso “moderado”, “almibarado” “sin estridencias” "entrar por el aro" para obtener el beneplácito de quienes tienen la obligación legal de facilitar a las familias la exhumación de los restos de los asesinados por el franquismo?

Espero que esto no sea así, ya que admiro mucho la lucha de cada persona que exija reparación, me da igual el color ideológico si se consigue el objetivo legítimo de la dignificación, la recuperación, la identificación y el reconocimiento de estas personas masacradas por luchar hasta el final por los derechos de la clase trabajadora canaria y española.

Felicitar de corazón a las familias de Arucas por este inmenso logro, los de los muertos de la fosa de Vegueta seguimos esperando por la vergonzosa decisión del político-cacique de turno.

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Imagen de uno de los huesos hallados durante los trabajos promovidos 
por el Cabildo de Gran Canaria (Foto TA)