miércoles, 28 de junio de 2017

La sombra marina de los sueños

Las rayas negras como azabaches llegaban lentas en la majestuosa nocturnidad del puerto de La Aldea de San Nicolás, algunas venían de lo más lejano del Atlántico en pareja, otras solas como la luna de San Juan, recorriendo y bordeando la orilla repleta de peces y vida oceánica. Parecían volar sobre el agua limpia como bailando lentas una nueva oración del remanso, la melodía más triste de aquella inmensa soledad, la de finales de junio del 36, cuando ya estaba organizado el genocidio.

Las dos niñas, Dolores y María, descalzas contemplaban aquellos seres mágicos, casi podían tocarlos, acariciarlos bajo el manto salado y frío, ambas desconocían lo que pasaría en menos de veinte días, que los fascistas se llevarían para siempre a sus padres Diego y Facundo, la madrugada más negra de sus vidas cuando el camión de los falangistas llegó de Agaete tras los coches de la “Brigada del amanecer”.

El año siguiente también en junio las dos, ya adolescentes, el mismo día a la misma hora sentadas, muy pegaditas para evitar el frío del viento sur del verano isleño las vieron llegar, venían a grupitos, muy negras, parecías naves nocturnas al amparo de la madrugada y en los momentos que jugueteaban se veía el blanco intenso de la parte inferior de sus cuerpos.

Loly cogió de la mano a María, se la apretó con cariño, rememoraron en silencio a sus padres, recordaron los días de pesca en la remota playa de Guguy, cuando aparecían en la noche las tortugas gigantes a poner los huevos en los agujeros de la arena, ese instante de quedarse los cuatro paralizados, mirando con asombro, viendo aquellos monstruos salir de las profundidades marinas, volviendo después de treinta años al mismo lugar donde nacieron.

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Pintura de Dimitra Milan (Arizona, Estados Unidos)

jueves, 22 de junio de 2017

Piojos, liendres y pulgas en las políticas del PP

José Miguel Álamo, concejal del PP en el ayuntamiento de Las Palmas GC, ha denunciado que en el Centro Ganigo, donde dicha institución pública acoge a personas en exclusión social, hay piojos, pulgas y liendres, crítica la mala gestión del grupo de gobierno municipal (PSOE-Podemos-Nueva Canarias) y de su concejal de Servicios Sociales, Jacinto Ortega.

No habla el edil de la derecha cavernaria de las políticas austericidas de su partido en los últimos años, del aumento desmesurado del hambre infantil, de los miles de suicidios por razones económicas, de leyes fascistas como la de la “Mordaza”, de las cientos de miles de personas enfermas dependientes asesinadas por la retirada de las ayudas, del holocausto social de los recortes, de las cientos de tramas de corrupción de miembros destacados de su propia organización política, caracterizadas por un saqueo generalizado de miles de millones de euros de los presupuestos del estado.

Los piojos, las liendres y las pulgas para los privilegiados señoritos y señoritas del PP son inherentes a los pobres, a los nadies, a los que la diputada Andrea Fabra gritó su vomito de odio de clase con el famoso ¡Qué se jodan! celebrando otro nuevo atropello a sus derechos, a las millones de personas que han conducido a la pobreza extrema en el estado español con sus salvajes medidas neoliberales, con la vergonzosa aplicación de los criminales ajustes de entidades mafiosas como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Troica.

Es muy triste que este concejal hable de “plagas”, casi bíblicas, en un centro de personas sin hogar, donde es normal que quienes ingresan o acuden a comer o asearse por vivir en la calle puedan tener cualquiera de esos insectos encima, pero omita mencionar a las cientos de miles de familias que en este municipio sufren la verdadera plaga de un gobierno español sin escrúpulos, que no respeta derechos ancestrales, conseguidos a sangre y fuego en luchas históricas y que en pocos años han reducido a cenizas, privatizaciones, tramas mafiosas y otras juergas con putas de lujo y rayas de coca servidas en paelleras, tal como estamos viendo estos días una vez más, y ya son miles de veces, en los medios de comunicación.

El señor Álamo, el señor Cardona, antiguo alcalde, que machacó los derechos de los trabajadores municipales con sus perros de presa en el Servicio de Recursos Humanos, perdiendo en los tribunales todas esas asquerosas medidas vulneradoras de derechos fundamentales, nos vienen ahora a hablar con su hipocresía desmedida de “piojos y liendres”, de mejorar unos servicios sociales que no dan abasto para soportar tantas víctimas del genocidio social generado por un régimen manejado por psicópatas, por malhechores de coche oficial, sinvergüenzas a los que no les tiembla el pulso para firmar nuevas medidas para seguir destruyendo los pocos derechos que nos quedan.

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martes, 20 de junio de 2017

Rostros de mujer

Y aquella mujer se le aparecía con distintas caras, unas veces parecía una heredera originaria de mediana edad, otras alguien muy mayor aunque solo tuviera 30 años, a veces una niña entre la penumbra de las sabanas, la luz tenue de la noche, los rayos de la luna que se colaban por las grietas de las viejas persianas de madera.

En otros momentos mientras la amaba cambiaba el rostro, brillaba o parecía tan triste y desvalida como las muertas desperdigadas en la ladera del horror antiguo, del genocidio ancestral.

De repente cuando todo se tornaba irremediablemente triste resurgía del fondo de sus ojos un brillo de luz, una sonrisa que parecía iluminar la interminable noche del fuego y la semilla.

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Jorge Ignacio Nazabal, Pintor de La Habana Cuba  

Pasajero del abismo

Los guardias civiles entraron en la casa de Juan Francisco Castellano y lo sacaron directamente de la cama donde yacía enfermo, a culatazos, patadas y empujones lo llevaron hasta el camión de los Bravo de Laguna, donde unos quince hombres estaban sentados, ensangrentados al fondo y custodiados por varios falangistas de Las Palmas y Arucas.

La metástasis del cáncer en su pulmón derecho le hacía toser de forma compulsiva, perdiendo por segundos la respiración, lo que impulsaba a los fascistas a golpearlo en la cabeza de forma violenta con la vara de acebuche.

-Esa tos hijo de puta, estás podrido. –Gritaba el sargento Cardona con el tricornio brillante bajo la luz de la luna de abril del 37-

Juanfra, se acurrucó junto a Indalecio González y Salvador Hernández, ambos compañeros de la Federación Obrera del norte de Gran Canaria, que trataron de tranquilizarlo, mientras el vehículo atravesaba las plataneras del Valle de Jinámar directos a la sima volcánica del mismo nombre.

Sima de Jinámar, lugar del exterminio fascista en Gran Canaria

El muchacho vomitaba sangre por las patadas en la barriga que le daba el requeté Borja del Castillo, su tos inundaba aquel silencio y tuvieron que parar junto a la casa de Antonio Ascanio, se trataba de llevar a cabo la operación en absoluto silencio y aquella tos constante los delataba en su siniestra paranoia.

Tono, el cacique agrícola les propuso dejarlo en su finca del Maipez y de forma inmediata bajaron a Juanfra que ya estaba semiinconsciente.

-Lo tiramos al pozo y ya no molesta más este cabrón. –Dijo el terrateniente entre risas, mientras abría varias botellas de ron de Telde y cortaba un queso duro para sus camaradas del tricornio y los ropajes azules-

Desde el vehículo usado para el transporte de plátanos Ignacio Reina lanzó un grito de apoyo al muchacho, el anarquista de la CNT fue apaleado violentamente por la turba facciosa entre gritos e insultos, partiendo de forma inmediata hacia la Sima donde en unos instantes iban a ser arrojados al abismo de más de 80 metros de profundidad.

Ascanio ordenó a varios de sus encargados arrastrar a Juanfra hasta el primer pozo, ya que al segundo ya habían tirado la semana anterior a 54 hombres.

Lo lanzaron dentro alzado en volandas, el chico no se quejó, solo los miraba con sus ojos abiertos, atento al momento final, casi un alivio pensaba, tenía que llegar la anunciada muerte desde el definitivo diagnostico del Doctor Monasterio.

Al rato bajó el camión a toda velocidad dejando una estela de polvo y humo, los guardias civiles y falangistas entonaban el “Cara al sol”, borrachos como cubas, con destino a la casa de putas del barrio de Arenales a celebrar una nueva noche de crímenes.

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Cuartel de Falange en Agaete, norte de Gran Canaria

martes, 13 de junio de 2017

La bala roja

A mi inolvidable tío Javier Tejera, allá donde esté, sembrando luz, cantos y sonrisas... 

El falange Robaina tiraba tan fuerte de la cuerda al cuello de Alberto Padrón que casi lo ahorcaba, el joven palmero se mantenía con apenas los dedos de los pies, desesperado, pálido como la cal viva, ante las risas de los fascistas que no paraban de beber ron aldeano, se divertían como nunca en los rincones más lúgubres de la comisaría de la calle Luis Antúnez de Las Palmas, donde solo se escuchaban gritos desgarradores aquella noche de marzo de 1937, aullidos de dolor de mujeres y hombres sometidos a todo tipo de vejaciones y torturas.

El hábil futbolista de Barlovento ya no podía más después de casi tres horas colgado, estaba a punto de dejarse llevar por el dulce encanto de la muerte, afuera la noche parecía aferrarse al leve olor del salitre.

De reojo vio como sacaban a una mujer muerta después de haberla violado la nutrida soldadesca vestida de azul, era María Candelaria Cabrera, la maestra de Santa Brígida, la novia de su amigo y compañero Chano Hernández, desaparecido desde los primero días del golpe de estado, posiblemente arrojado a la Sima de Jinámar.

El muchacho aguantaba lo que podía, le ayudaba mucho la buena preparación física, los meses que estuvo jugando en el Fútbol Club Barcelona hasta semanas antes del alzamiento militar, recordaba sus primeras palabras en catalán, la chica que conoció en las fiestas de Gràcia entre luces de colores, besos, música, vino y sonrisas.

Robaina tensaba la soga al cuello, Berto resistía, no se quejaba, lo que indignaba al esbirro de las Jons que lo dejaba en volandas unos segundos, hasta que su cara se volvía azul por la falta de oxigeno.

Lo conocía muy bien y sabía de su militancia en la Federación Obrera, de su activismo en el Frente Popular, los años que jugó en el Victoria corriendo la banda del campo de España como una flecha, leve como una mariposa en sus pases medidos al centro del área, veloz en sus regates, que dejaban sentado al contrario entre nubes de polvo.

Cientos de cuerpos destrozados salían en los camiones del centro de detención con destino a los lugares de exterminio, el de Berto no fue una excepción, parece que lo enterraron en la fosa de Las Alcaravaneras junto a 54 compañeros más.

Su camiseta del Barça con el 7 a la espalda se la quedó Julián Batista en el viejo bar de Arenales, nunca la expuso al público, solo la mostraba a personas de mucha confianza, las que todavía recordaban al estilete palmero, más conocido como la “Bala roja”.

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1937 Estadio de Chamartín, saludo de homenaje a la 21ª Brigada
Mixta por la Defensa de Madrid (Foto Juan Guzmán)

jueves, 8 de junio de 2017

Paterna: sobreseimiento de la esperanza y la justicia

No solo políticos que tapan crímenes fascistas en Las Palmas de Gran Canaria, también juezas en Valencia insensibles a la sangre de las cientos de miles de personas asesinadas por el franquismo, echando cal viva sobre las cunetas y fosas comunes en forma de dilaciones, mentiras, autos judiciales vergonzosos y otras medidas, que lo único que pretenden es seguir manteniendo en el olvido el terrorismo de estado de un régimen criminal.

Sobreseer una causa que había ilusionado a las familias en su noble afán por recuperar los restos de su muertos es una muestra de cómo funciona un régimen podrido, un gobierno al servicio del fascismo, del genocidio, del holocausto que masacró las vidas de tantas personas inocentes, que torturó, que violó, que desapareció a lo mejor del pueblo español, imponiendo una dictadura que convirtió España en el segundo país del mundo después de Camboya con mayor número de personas asesinadas y enterradas en fosas comunes.

Este sobreseimiento supone que de los miles de asesinados en el cementerio de Paterna no quedará constancia de que los mataron sin respetarse sus derechos, un proceso que era la última oportunidad para que se hiciera justicia y que la jueza con apellido de general franquista ha vetado pisoteando los derechos constitucionales de las familias de las víctimas del terror fascista.

A igual que otra jueza de Las Palmas en otro Auto Judicial de hace unos años sobre las personas asesinadas en la fosa común del cementerio municipal se habla de “prescripción” al no encontrarse huesos de hace menos de 70 años, cuando la señora Moscardó sabe a la perfección que los crímenes de lesa humanidad jamás prescriben.

La mayoría de magistrados de la marca España siguen las directrices de un gobierno cómplice, sin vergüenza y con las manos manchadas de sangre, que trata de ocultar, de encubrir, de tapar los huesos de quienes fueron masacrados por defender la democracia y la libertad, seguir encubriendo los nombres y apellidos de los pistoleros genocidas que convirtieron este país en un cementerio.

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Esqueletos de una fosa común con las manos atadas con alambres, 
en Málaga. / JULIÁN ROJAS

martes, 6 de junio de 2017

Políticos canarios franquistas y encubridores

Entre pelotazos urbanísticos, tramas de corrupción generalizadas, fantasmadas de tipos y tipas mediocres que llegaron a la política comiendo culos, vendiendo sus escasas ideas si en algún momento las tuvieron, sin escrúpulos para aceptar cualquier prebenda, sobre o maletín repleto de billetes, así funciona una buena parte de la cipaya banda política isleña.

Uno se pregunta porqué no se hace justicia en estas islas donde hace apenas 80 años el fascismo dejó en simas, cunetas, fosas, pozos y el mar a miles de personas asesinadas, masacradas por defender la democracia, la libertad, un mundo nuevo de igualdad y justicia desde un gobierno legítimo y democrático que fue destruido por una turba de terroristas asesinos de lesa humanidad.

Nos preguntamos las familias de las víctimas de este genocidio porqué en pleno año 2017 el 99,9% de sus cabildos, ayuntamientos y el propio gobierno canario siguen avergonzando a las personas de bien, protegiendo a los criminales fascistas, a una oligarquía y a una Iglesia Católica con las manos manchadas de la sangre de quienes fueron torturados, asesinados, desaparecidos por pensar diferente, por ser parte de una democracia republicana votada en las urnas, que esta mafia convirtió en una criminal dictadura repleta de fosas comunes, de huesos escondidos de los ojos de la ciudadanía, simplemente para que no se note tanto que sus abuelos y padres cometieron el mayor holocausto de la historia de Canarias.

Resulta muy triste que esta siniestra calaña se dedique a presumir de “sociedad canaria moderna” “europea”, “cosmopolita”, “la del mejor clima del mundo” y otras mierdas, mientras pisotean los derechos de las miles de familias de las víctimas del franquismo, las que seguimos esperando recuperar los huesos de nuestros muertos para darles sepultura digna, permitiendo que junto a las excavadoras y tractores que destruyen esta tierra, los complejos hoteleros, los espacios para el ocio, los cementerios, los pinares, en cada rincón de la geografía insular sigan tirados como basura los huesos blancos y limpios de los héroes del pueblo.

Se sacan de la manga un proyecto de Ley de Memoria vergonzoso, edulcorado, consensuado con las asociaciones afines, moderadas, integradas por sus afiliadas, las que no levantan nunca la voz, ahí calladitas siguiendo los preceptos de quienes siguen tapando los crímenes más horrendos, las torturas, los centros de detención, los lugares del exterminio, la dignidad de la mayoría de las familias que seguimos exigiendo verdad, justicia y reparación.

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Asamblea Comité Popular por la Exhumación de la Fosa Común del Cementerio de Las Palmas

martes, 30 de mayo de 2017

La tierra y el cielo en un balón de cuero

Richard jugaba en el Apavi y aquella tarde en el campo de La Feria miraba a su alrededor y no veía a su padre que no se perdía un partido, el árbitro estaba a punto de dar el pitido inicial y el niño, con el 6 a la espalda, se resistía a pensar que las detenciones de la Policía Armada en la zona baja de Schamann tuvieran que ver con aquella ausencia inesperada.

En un instante todos comenzaron a correr y el polvo del campo de tierra parecía inundar cada espacio entre el inmenso descampado del Barranco de la Ballena, controlaba la pelota y daba aquellos pases mágicos que el abuelo Perico Viera le había enseñado, “el fútbol de antes”, le decía, cuando jugaban en el estanque de barro junto a los barracones de Pedro Hidalgo.

Su viejo no aparecía, se había perdido su gol de cabeza a la salida de un córner, cometió varios errores y su entrenador le recriminó, al rato casi al comienzo del segundo tiempo llegó su madre con la cara muy triste, en ese momento el chiquillo se derrunbó y se tumbó boca abajo llorando cerca del punto de penalti.

Antonio, el técnico, se dio cuenta de lo que sucedía, se paró el partido por unos segundos y lo sustituyó, salió corriendo y se abrazó a su madre, el partido siguió y los dos subieron la cuesta hasta la Avenida de Escaleritas, andaban en silencio, Lucía le limpiaba el sudor con el pañuelo rojinegro de su padre y ambos sabían lo que en ese instante estaría padeciendo en la comisaría de la Plaza de La Feria, donde encerraban a los hombres y mujeres varios días para torturarles salvajemente.

Junto a la gasolinera, frente al Instituto, había un furgón policial, dos grises estaban apostados con los subfusiles apuntándoles, su cara de odio delataba que los conocían, que sabían todo lo que estaba pasando desde días antes de llevarse a Pablo.

Abrazados se perdieron entre el laberinto de Las Chumberas, miraban al frente sin miedo al horizonte urbano, parecía que se avecinaba algo hermoso entre tanta desolación, les inundó una sensación especial entre la brisa que subía del mar embravecido, subieron a la casa y allí se quedaron esperando que aquel universo volviera a llenarse de risas y esperanza.

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Botero "Abu Ghraig 60"

lunes, 29 de mayo de 2017

Kichi la medalla a tu virgen insulta la ingeligencia

Resulta ciertamente decepcionante que quienes antes criticaron al falangista ministro Fernández Díaz por colocarle medallas y meritos a todo tipo de vírgenes y otras figuras de madera ahora repitan lo que antes rechazaban.

El alcalde de Cádiz y miembro de Podemos, José María González Santos, conocido por “Kichi”, acaba de conceder una medalla a otro símbolo de la derechona patria, esta vez a la Virgen del Rosario, una nueva monserga de un partido cada día más indefinible, que tanto presume de izquierdismo como se codea con el entorno de la reacción facciosa en busca de votos imposibles, el vergonzoso mantra del “no somos ni de izquierdas ni de derechas”, que solo persigue pescar adeptos de cualquier color, el caso es gobernar como sea, ocupar carguitos públicos, presumir de ser más progres que nadie, cuando en el fondo su clasismo pequeñoburgués supera todos los límites del fundamento y la claridad ideológica.

En Andalucía al igual que en otros puntos del estado español la Iglesia Católica participó directamente en el genodicio franquista, el que asesinó a cientos de miles de personas por pensar diferente, inundando los cementerios de paredones y fosas comunes repletos de personas honradas torturadas, masacradas, asesinadas con tiros en la nuca.

La medalla de Kichi a su virgen es un homenaje que avergüenza, no vale la escusa estúpida de las 6.000 firmas solicitándola, cuando solo en Cádiz hay más de 100.000 habitantes que no han sido consultados para este denigrante despropósito.

Las instituciones del estado deben estar al margen de las religiones y otras supersticiones, las personas que ocupan cualquier cargo público tienen la obligación de separar las confesiones de la política y dejar de hacer el ridículo.

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domingo, 21 de mayo de 2017

En la profunda estepa verde

Se topó con el rostro blanco de la lechuza y ambos se quedaron unos segundos mirando la profundidad de sus ojos rapaces y humanos, una especie de complicidad salvaje en lo profundo del bosque de Linagua en lo recóndito de la isla de Gran Canaria.

Eloisa y Mario llevaban dos años escondidos en la cueva invisible a la derecha del bailadero de las brujas, donde la sombra del pinar envuelve de rocío y frescor la ensenada, ella solo se llevó una maceta con un orégano cubano, el viejo molinillo de café de la abuela Marta aunque allí en medio de la nada no lo podían usar, lo pusieron sobre una piedra impregnada de musgo verde, una especie de monumento a los días felices cuando aquella República de sueños parecía que iba a ser la esperanza ante tanto dolor y sufrimiento.

Solo salían de noche de la cueva cuando los leñadores y los obreros de la brea se marchaban y el rojo sol se ponía, aprovechaban para estirar las piernas bajo el manto estrellado, en invierno bajo la tupida niebla o la lluvia torrencial. Tenían trampas para conejos ocultas bajo la pinocha y eso les daba para comer carne al menos cada quince días, siempre con mucho cuidado de que el fuego no se viera desde La Aldea.

Nicasio Vega el pastor de Juncalillo les dejaba oculto una vez al mes un queso de cabra bajo una piedra gigantesca, allí llegaban casi a medianoche tras una larga caminata y rebuscaban bajo las hojas de retama la bolsa de papel, lo sacaban y siempre Eloisa lo olía, su fragancia la llevaba en un instante a su infancia cuando la abuelita Josefa le cortaba el pan redondo de leña untado con aceite.

Luego partían de nuevo a su refugio alegres del nuevo sustento solidario, tomados de la mano subían la montaña del Aserrador, sus piernas fuertes ya no se resentían con la pronunciada cuesta o el bochorno que traía la arena del desierto del Sahara.

Sabían que de allí no podrían salir jamás y el aroma del pinar les envolvía cuando abrazados se evadían en el sueño diurno, como quien espera la muerte o mezcla sin saber lo real y lo irreal, mientras los asesinos falangistas recorrían cada rincón de la isla para asesinar y desaparecer a lo mejor de aquel pueblo destruido.

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Lomo del Viso y Macizo de Linagua