domingo, 10 de diciembre de 2017

El árbol santo

La comitiva subía por el barranco de Azuaje encabezados por Tahona, la harimaguada (1) que llevaba el cuerpo diminuto de un bebé recién nacido en sus brazos, entre cánticos ancestrales atravesaban la niebla, el bosque sagrado, todavía no había nacido desde el horizonte el padre sol al que llamaban Magec.

Detrás iban varias mujeres llorando y dando alaridos de dolor, cubiertas de pieles de cabra resistían el duro invierno y el agua nieve que parecía cortarles la piel, el niño tenía los ojos abiertos y parecía mirar al cielo que comenzaba a encenderse, al otro lado del mar y cuando las nubes se abrían se divisaba la montaña gigante, desde donde veían en las noches claras la luz de las hogueras de otro pueblo que habitaba al otro lado de su universo.

La joven Fayna cargaba en la espalda una saca de hierbas aromáticas que iba impregnando el duro camino de una fragancia mágica, subieron y subieron sin parar, el llanto de las mujeres espantaba a los cuervos, que volaban entre la arboleda emitiendo graznidos que parecía voces, como si Achamán (2) les transmitiera a través de las aves la negrura de la muerte, lo que tenían que hacer en cada momento.

En un llano repleto de árboles que destilaban agua sin que lloviera llegaron al gran Garoé (3), sentándose en un perfecto círculo, escucharon las palabras de Tahona mientras colocaba al bebecito junto al gigantesco tronco, tan grande que no lo podían abrazar doce hombres:

-Sed bienvenidos hermanos junto al gigante sagrado donde vamos a entregar el cuerpo de nuestro hijo entre sus raíces de luz- dijo la mujer con las manos alzadas al cielo.

Dos hombres cavaban una pequeña fosa con hachas de piedra donde Tahona metió al pequeñín, todos los presentes se levantaron, se tomaron de las manos y formaron un circulo alrededor del árbol de la vida, iniciando un baile circular sin soltarse, girando y mirando las ramas que parecían mezclarse con el cielo donde todavía brillaban algunas estrellas trasnochadoras.

Siglos después otra comitiva subía por el mismo barranco en el mismo frío mes, esta vez presidida por un hombre vestido de azul con flechas y yugos en su pecho, avanzaban entre los restos de un bosque de laurisilva talado, arrasado por la codicia de quienes conquistaron las islas para convertirlas en territorio para la esclavitud.

Nueve falangistas rodeaban a tres hombres y a una mujer, los cuatro muy jóvenes, con las manos atadas a la espalda con alambres, avanzaban mientras les golpeaban y llegaron al mismo árbol que ya estaba seco, sobreviviente de la tala, quizá muerto de tristeza al sentir como en pocos años tras la invasión acabaron con la inmensa selva de Doramas (4).

Ya la tierra no estaba mojada por el agua que caía de cada hoja, de cada rama, la misma madrugada, el mismo padre Teide al otro lado del mar, pero una brisa triste que calaba las almas de quienes iban a ser asesinados.

El falange Santiago Rosales ordenó a los detenidos Antonio Guzmán y Manuel Izquierdo que abrieran la fosa donde iban a ser enterrados tras la ejecución. Fabiola Aguiar y Lorenzo Travieso observaban arrodillados, ambos bañados en sangre por las brutales torturas en la sede de Falange del municipio de Galdar.

Los dos hombres cavaban bajo la atenta mirada de los falangistas, Manuel temblaba de frío por las heridas abiertas producidas por la pinga de buey, casi no tenía fuerzas, pero seguía picando la arcillosa tierra, el barro repleto de unas raíces gruesas y secas que casi partían los palos de la asada en cada impacto:

-Aquí hay un cráneo pequeñito mi amo- dijo el falange de Agaete, Esteban Damaso, a su jefe Rosales.

Siguieron cavando y allí estaba el cuerpecito del niño junto a un gánigo (5) y un circulo de piedras que lo rodeaban, pieles de baifo (6) y varias figuras muy pequeñas de animales, tal vez juguetes, junto a varias pintaderas (7), en un espacio diminuto pero que parecía desprender un halo de magia, una energía tan fuerte que los hombres dejaron de remover la tierra, los falanges se quedaron paralizados ante la imagen que surgió a menos de un metro bajo el inmenso tronco:

-Saquen esa puta mierda- dijo Rosales, mientras apuraba el liquido del fondo de la botella de ron de caña.

Nadie se atrevía a tocar aquella especie de altar enterrado, un legado ancestral, la cabecita que todavía con las cuencas de los ojos vacíos parecía seguir mirando al infinito, como buscando más allá de la Tierra alguna esperanza para su pueblo.

El jefe falangista montó en cólera, se metió en la fosa y destrozó el espacio sagrado, lanzó los huesos del bebé y las cerámicas ladera abajo, ordenando a los reos que siguieran cavando, los hombres se negaron y dejaron las herramientas en el suelo, Rosales sacó la pistola y disparó sobre ambos en el pecho.

A Fabiola y a Lorenzo los baleó en la nuca el falange de Las Palmas Fernando Barber, los cuatro cuerpos quedaron en el suelo entre varios charcos de sangre, un viento helado vino de la costa, en un instante todo se volvió oscuro por unos nubarrones tan negros como el carbón, una lluvia intensa de gotas muy gordas comenzó a caer sobre los republicanos asesinados, sobre el grupo de fascistas que comenzaron a temblar de miedo.

Parecía escucharse un canto más allá de aquella superficie para la muerte, voces que parecían bailar entre el viento, alaridos de mujeres que lloraban y que no se les veía, palabras pronunciadas en una lengua desconocida entre el vendaval que se llevó al grupo de hombres de azul que corrían despavoridos, dejando allí a los muertos, a la muchacha que todavía tenía los ojos abiertos y miraba al cielo oscuro.

(1) Mujer encargada de la educación de las maguadas y participante en algunos rituales mágico-religiosos, siendo una figura muy respetada en el seno de la sociedad prehispánica de Gran Canaria.
(2) Entidades mitológicas de los antiguos canarios.
(3) Posiblemente un ejemplar arbóreo de Ocotea Foetens, conocido como til o tilo.
(4) Nombre castellanizado de un guerrero canario que vivió a mediados del siglo XV y que fue uno de los líderes de la resistencia indígena en la isla de Gran Canaria.
(5) Conjunto de recipientes de arcilla moldeados a mano y sin torno que utilizaban los indígenas de las Islas Canarias.
(6) Cría de la cabra en la lengua de los indígenas canarios.
(7) Sellos de barro, algunos en madera, elaborados por los aborígenes de Gran Canaria con formas geométricas. 

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El árbol santo Garoé (Isla de El Hierro)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Españolismo de cruces gamadas

La crecida ultraderechista en el estado español generada por la aplicación de las políticas represivas del régimen en Catalunya se hace más que evidente, todo tipo de grupos nazi-falangistas actúan a sus anchas con absoluta impunidad en cada ciudad, en cada pueblo o barrio, sin que desde las instancias jurídicas y policiales se haga casi absolutamente nada.

Da la impresión de que han soltado a todas “Las manadas” de ultras juntas para machacar al pueblo, a cualquier persona que decida ejercer su derecho constitucional a manifestarse libremente por la libertad, la democracia y los derechos sociales.

Se trata de impulsar el terror sacando del armario las sucias banderas con el yugo, las flechas y las cruces gamadas, los bates de béisbol, las cadenas, las barras de hierro, las que siempre utilizaron desde los tiempos de grupos armados como Fuerza Nueva o Guerrilleros de Cristo Rey.

El régimen español sin duda sigue siendo franquista y su flamante “partido único” PP-PSOE-Cs, saca lustre a medidas vergonzosas, solo comparables a las que sus antecesores llevaron a cabo tras el golpe fascista del 36, donde fueron asesinadas, fusiladas, desaparecidas, desde el final de la guerra civil hasta los años 70 casi 150.000 personas.

Se junta la creme de la creme de Españistán, los Paquirrín, la Esteban, el ultraderechista torero tuerto, el atropellador etílico ex marido viudo de la cupletista y otras "lumbreras intelectuales", la vergonzosa representación para reclamar el voto el 21D para lo que llaman “Constitucionalismo”, institucionalizando el mantenimiento del latrocinio desde el final de la anterior dictadura.

El disfrazado ultraderechismo almibarado con la típica frase “Demócratas de toda la vida”, tipas y tipos bien vestidos, con cochazos y mansiones de lujo, forrados y con sus cuentas repletas en paraísos fiscales, un oscuro régimen que suelta a sus sicarios del “A por ellos oeeee” para no dejar títere con cabeza, para implantar a sangre y fuego su siniestra marca España.

Tristemente el fascismo nunca se había ido, ha seguido presente en muchos estamentos del régimen, desde la más humilde comisaría al más lujoso juzgado, parlamento, ayuntamiento, cabildo o diputación.

El mismo modus operandi de antes y después del 36, la generación de miedo, la persecución de las ideas, el pensamiento único, la mordaza, la aprobación de leyes represivas que coartan la libertad de expresión, encarcelar a cualquiera por un comentario en una red social, pero en cambio dejar libres a violadores de su cuerda, a nazis violentos armados hasta los dientes, a políticos corruptos que han robado miles de millones, a toda una triste fauna que conforma lo que denominan entre banderitas su gloriosa “Unidad”.

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Nazis españolistas reprimiendo en Valencia el 9 de octubre de 2017

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El régimen español es “La manada”

Un grupo de tipos asquerosos, desbocados, autodenominados “La manada”, entre ellos un militar español y un guardia civil, violan presuntamente oral, vaginal y analmente a una chica de 18 años en los últimos San Fermines y no pasa nada, la judicatura que lleva su caso no admite como prueba otros abusos sexuales a otra joven un mes antes en Córdoba por parte de estos ultra violentos personajes.

A esta muchacha en Pamplona la violan, la humillan la vejan y cierta prensa del régimen español la degrada, la acusa de mentirosa, de relación consentida con cinco monstruos en un sucio portal ¿Alguna mujer entraría en ese juego con cualquiera de estos psicópatas enfermos?

El mediático juicio se convierte en una especie de inquisición sanguinaria, las prensas y televisiones, los tertulianos, periodistas sin escrúpulos del régimen hacen hasta encuestas sobre si es más o menos consentida, si se dejó o no se dejó, utilizando terminologías vergonzosas que agreden a la audiencia y a todas las mujeres.

El ínclito juez acepta pruebas de detectives que investigan a la víctima tras la violación, se tiene en cuenta que la chica haya puesto fotos en la redes sociales, que salga con sus amistades, que trate de hacer una vida normal, como si tuviera que vivir en la celda de un puto convento, después de los abusos sexuales y las aberraciones a las que fue sometida.

Se trata de que los violadores queden libres para seguir violando y abusando de cualquier mujer usando drogas como la burundanga, forzando, agrediendo, pisoteando derechos inalienables, para seguir grabando sus vídeos paras sus grupos de wasap, joderle a la vida a cualquier mujer.

La manada” es sin ninguna duda la llamada “marca España” y avergüenza al mundo, el gobierno español también es una manada, una manada de sinvergüenzas que mata también con reformas laborales, desahucios y recortes sociales, que autoriza manifestaciones nazis de falangistas, misas al criminal de lesa humanidad Francisco Franco.

Estos tipos son el referente de este gobierno de la Gürtel y de las miles de tramas corruptas, de los partidos del régimen que amenazaron al legítimo gobierno de Catalunya con “muertos en las calles”. Una manada sangrienta, la misma que desde el 36 asesinó y enterró en fosas comunes y cunetas a cientos de miles de personas que defendían la democracia y la libertad, la misma manada que ahora sus herederos del gobierno no permite que las familias recuperen los huesos de sus muertos, que se exhumen todos estos lugares del exterminio fascista.

Ignacio González saliendo de la cárcel, las burlas de Rafael Hernando, de Rita Barberá, Esperanza Aguirre, José Bono, Felipe González, Fabra, “El Bigotes”, torturadores como “Billy el Niño y otros esperpentos del régimen del 78 a las víctimas del franquismo son “La Manada”, una manada enriquecida, sin escrúpulos para sacar los tanques a la calle en cualquier momento, en caso de peligrar sus enormes fortunas construidas en 40 años de una democracia de sobre, maletines, prebendas, favores, abusos de poder, mentiras, fosas comunes y cunetas.

Esto es la "marca España", una jodida manada, una banda que en medio mundo califican ya como criminal, un saqueo permanente de las arcas públicas en todo tipo de tramas mafiosas, la policía golpeando salvajemente a quienes querían ejercer su legítimo derecho al voto en Catalunya, presos políticos, montajes para multar o encarcelar a cualquiera que se salga del putrefacto estatus quo, todos son manada, son legión, por eso esa pobre chica destrozada para siempre está también en el punto de mira de esta depredación desmedida, sustentada en una de las ideologías más siniestras y sanguinarias de la historia de la humanidad.

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Los cinco acusados (de izquierda a derecha): el guardia civil Antonio Manuel Guerrero Escudero; 
el militar Alfonso Jesús Cabezuelo; Jesús Escudero; Ángel Boza y José Ángel Prenda.

sábado, 18 de noviembre de 2017

En la brisa estaba el perfume y la esencia de mujer

-¿Pero dónde van a llevarnos Dios mío- dijo Alicia Trujillo, cuando el coche negro comenzó la subida por una carretera de tierra muy empinada cerca del barranco de Ansite.

En el coche negro del Conde iban dos falangistas delante y tres mujeres en el sillón de atrás, las traían del centro de detención de la calle Luis Antúnez donde apenas las tocaron:

-Resérvalas para la taifa de esta noche Rodríguez, habrá una buena fiesta en casa de La Sorrueda- dijo Sebastián Samsó, el capitán fascista que supervisaba las torturas junto a los jefes de Falange en este lugar para el horror.

Llegaron a una pequeña mansión de estilo colonial, rodeada de palmeras y eucaliptos gigantescos que casi no dejaban pasar la luz, en la puerta de la casa estaban varios falangistas con armas en la mano haciendo guardia, dentro se escuchaban los llantos de otras mujeres también cautivas:

-Llévenlas a bañarse a estas guarras que apestan a becerra, dales jabón Paco Araña- exclamó entre carcajadas y muy borracho el jefe de centuria del sur de la isla de Gran Canaria, Borja del Lugo, mientras empujaba a las mujeres cuando las sacaron del coche.

-Están buenas las muy putas, esta noche sabrán lo que son pollas nacionales- dijo el jefe requeté Alberto Luis Rosales, que no dejaba de mirar el pecho de Alicia, todo su joven cuerpo, que se transparentaba tras el camisón corto que le habían puesto en el centro de tortura.

Ya dentro había varias bañeras y dos mujeres mayores que parecían criadas de la nobleza por el uniforme:

-Mis hijas hagan caso de todo, no se rebelen porque puede ser mucho peor, hagan lo que digan los señores o las matan- dijo las más alta de las dos, muy morena, el pelo blanco recogido, con un acento que no era canario, más bien parecía portugués.

Las tres chicas, Alicia Trujillo, Rosa Luisa Bordón y Carolina Hernández se dejaron echar el agua por encima, luego le lavaron el pelo con un champú muy suave, para después impregnar su piel de un perfume que jamás habían olido, era como la fragancia de las mujeres de los terratenientes que habían visto alguna vez comprando en Santa Lucía o Tunte.

Tras obligarla a ponerse varios vestidos de colores rojos y verdes las metieron en una habitación muy pequeña, solo cinco sillas y un sillón viejo muy deteriorado, allí estuvieron varias horas hasta que se hizo la noche:

-¿Qué hacemos chiquillas, qué hacemos, nos van a hacer mucho daño estos fascistas? Dijo Carolina, que solo conocía a Rosa de las reuniones en la Sociedad Sindical de las aparceras en el almacén del Castillo del Romeral.

Afuera se escuchaba la llegada de muchos coches, la algarabía, voces de hombres, risas, bromas, burlas, llegando a la habitación el olor del ron de caña que trajeron esa misma tarde en varios barriles desde Arucas, también habían sacrificado a varios cerdos y una cabra para asarlos durante la juerga que estaba a punto de comenzar.

Se abrió la puerta y aparecieron varios falangistas muy jóvenes con armas al cinto, les ataron las manos a la espalda y las sacaron a empujones al patio de la mansión, Alicia vio a unas quince mujeres más, todas vestidas con trajes cortos de colores, muy pintadas y también amarradas.

Las subieron a una tarima de madera entre los gritos y silbidos de los fascistas, Carolina identificó a varios de los caciques más importantes de la isla, media familia del Conde, el tabaquero Fuentes, los hijos de los Melianes, varios de los hermanos Betancor, entre otros miembros de la oligarquía isleña, que brindaban con vasos de ron y vino por la “Santa Cruzada”, entre arengas facciosas y gritos de ¡Arriba España!.

Las chicas estuvieron expuestas casi dos horas durante el desarrollo de la fiesta, las criadas estaban a su lado y en baja voz trataban de animarlas:

-Será solo un rato aguanten como puedan, estarán muy borrachos- dijo la mujer que parecía de Portugal.

Sobre las doce de la noche se las fueron llevando como fieras salvajes a su presa, primero los señoritos de la nobleza isleña que elegían con tiempo, luego el resto, a la mayoría de la chicas las violaron en grupo, la práctica que tanto les gustaba desde la noche del sábado 18 del julio del 36, en cada habitación los hombres hacían cola con las chicas atadas a las camas, otras eran vejadas en pleno campo, en medio de la finca de mangas, papayas y naranjas.

La orgía era generalizada y los niveles de sadismo superaban cualquier límite, se escucharon hasta disparos sobre las muchachas que se rebelaban, en el patio central iban colocando los cadáveres a la espera de la llegada del camión que las haría desaparecer para siempre.

Alicia sufrió las aberraciones primero del oligarca De Lugo, que luego la entregó a la soldadesca tras hacerle todo tipo de aberraciones sexuales.

La muchacha estaba muy débil tirada sobre el barro de la finca y hombres de todas las edades la iban violando uno a uno, vomitaba con frecuencia el ron y el semen que le obligaban a tragar.

No sintió nada, dejó de luchar y gritar, se abandonó hasta el instante de la muerte por las hemorragias internas y los brutales golpes.

Solo cinco mujeres sobrevivieron y las dejaron maniatadas y semiinconscientes en el patio interior, el resto de los cuerpos se los llevaron, había muchos hombres durmiendo la borrachera en cada rincón de la casa, la brisa de noviembre movía las ramas de los árboles, el sol rojo del amanecer iluminó en un instante todo el palmeral.

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Pintura de Carlos Alonso sobre la tortura y abusos a mujeres en la dictadura argentina

Estreno mundial de "La Sima del Olvido"

La “Sima del olvido” supone un antes y un después en la lucha por la memoria democrática en Canarias y todo el estado español. Ese lugar de exterminio, ese agujero del horror conocido como Sima de Jinámar se abre en canal en este documental de Juan José Monzón, sus muertos, los asesinados por el fascismo, salen de la oscuridad, de las piedras frías, de la cal viva, de los escombros, de los residuos y levantan la mano para decirnos que exigen dignidad, muestra una realidad oculta premeditadamente por el estado, por la oligarquía isleña, por los causantes del genocidio y sus herederos actuales.

Este documental hace justicia, repara, enseña, muestra un camino de verdad, reparación, memoria desde la pedagogía y el simbolismo de los elementos naturales de nuestra tierra, desde la idiosincracia de nuestro pueblo. Sigue la conexión...

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viernes, 17 de noviembre de 2017

A cada noche y amanecer

Santiago Ramírez le enseñó el pasaporte cubano a los guardias civiles que vinieron a detenerlo, el sargento Rubiales miró detenidamente el documento de identidad, se tocaba la barbilla, tras un silencio interminable ordenó que lo ataran, la gente de Valsequillo estaba en la calle a esa hora de la mañana y no entendían porque se llevaban al panadero, un hombre que fiaba a sus clientes más necesitados, que regalaba el pan a quien no tenía medios para pagarlo.

Lo metieron en el asiento de atrás del coche negro de los Melianes, al fondo iba una mujer con el vestido roto y el cuerpo repleto de magulladuras, la cabeza agachada, ni siquiera levantó la vista, a su lado un falangista, Antonio Martinón, vecino de La Herradura, que parecía muy borracho, apuntándole con una pistola en el cuello y acariciando el muslo derecho de la chica:

-Entra maricón que vas a estar en buena compañía- dijo mientras golpeaba a Ramírez con el arma en la boca.

La sangre brotó y varios dientes rotos cayeron al suelo entre las risas de Juaneco Morales, chófer de los caciques del sureste, una risa frenética que no sabía parar, que sonaba a psicopatía crónica, haciéndose el silencio en el momento en que se adentraron por el camino de tierra hacia Telde, en el asiento delantero miraba para atrás en todo momento muy sonriente un teniente de la guardia civil, el sevillano Francisco Callejón, que no se había quitado el tricornio dentro del auto, reflejándose el sol en el oscuro gorro policial:

-¿Qué mas van a hacerme hijos de puta cobardes?- dijo la muchacha sin levantar la vista, recibiendo un golpe en la cabeza del falangista con la pistola que le abrió una profunda brecha, Santiago la miraba con los ojos hinchados en sangre y rabia.

Celia Guzmán, maestra en San Mateo, comenzó a chillar y a revolverse intentando soltarse las sogas de pitera de sus muñecas atadas a la espalda, en ese instante, sin que nadie lo esperara, Santiago se lanzó violentamente contra el chófer y le mordió en el cuello sin soltarlo, los fascistas comenzaron a golpearlo y Juaneco gritaba de dolor, el falangista Martinón intentó dispararle en el pecho y recibió un fuerte rodillazo en la cara que le partió el tabique nasal, el vehículo iba haciendo eses y el panadero apretó su presa en la yugular del fascista que soltó el volante desesperado, despeñándose el coche fuera de la carretera, volcando y dando varias vueltas de campana a la altura de Caserones.

El auto de los caciques quedó con las ruedas hacia el cielo entre el humo y el olor a carburante, Santiago abrió los ojos y estaba sobre los dos fascistas que iban delante, ambos estaban muertos sobre un gran charco de sangre, la cabezas destrozadas, en el asiento de atrás Martinón todavía respiraba, el panadero movió sus brazos y pudo soltarse, clavando el cuchillo del teniente en el ojo del falangista.

La chica estaba fuera del coche inconsciente, el muchacho le soltó las cuerdas y le puso agua en la cara, dándole un leve masaje cardíaco hasta que abrió sus ojos verdes:

-¿Dónde estamos, dónde estamos, van a violarme de nuevo?- dijo.

-Maté a estos perros fascistas camarada- dijo Santiago mientras la ayudaba a levantarse.

-Tenemos que salir rápido de aquí, desde que los extrañen en Telde vendrán a buscarlos, corremos mucho peligro-

Los dos se adentraron en el profundo bosque de acebuches del barranco de Tecén, caminando sin parar hasta que llegó la noche, descansando en un alpendre abandonado:

-Esto será duro, nos van buscar por toda la isla, tenemos que estar dispuestos a todo- dijo Celia, mientras se curaba las heridas de las piernas con unas hierbas que había recogido junto a los troncos de la subespecie canaria del olivo.

En unas horas los dos dormían bajo un manto de estrellas incalculables, el infinito parecía ampararles en aquella huida sin retorno, no se escuchaba nada en el barranco más que los cantos de las lechuzas y los búhos chicos, que parecían entonar una sonata por la libertad, asustados de aquella extraña compañía en la tranquilidad de aquel espacio mágico.

Celia hablaba en sueños, despertó a Santiago, decía algo sobre la importancia del álgebra, los pisos de vegetación de la Macaronesia, la inteligencia de los delfines. El panadero se quedó un instante oyendola maravillado, mirándola, tenía voz de niña, un rostro tan dulce que no entendía como cualquier ser humano podía ni siquiera plantearse hacerle daño.

Antes de salir el sol la despertó y comenzaron de nuevo el interminable periplo, bebieron agua muy fría en unas cascadas cerca del barranco de Los Cernícalos, comieron manzanas, se asearon y no pararon de avanzar entre la vegetación durante todo el día, trataban de borrar sus huellas con ramas, a veces iban y venían por el mismo sendero tratando de confundir a cualquier perseguidor, subían y bajaban montañas, se apostaban sobre cualquier roque vigilando las evoluciones de las brigadas de fascistas.

Así estuvieron dos meses hasta lograr salir en barco hacia La Habana desde la costa de Maspalomas, gracias a la amistad de Santiago con los pescadores de Mogán, con quienes hacía tiempo hacía intercambio de pan por pescado salado.

Vieron perderse la isla de Gran Canaria en el horizonte del inmenso Atlántico, Celia se tocaba la barriga, estaba embarazada por las violaciones que sufrió la semana que estuvo retenida en una de las haciendas del Conde de la Vega, no sabía quién era el padre, podía ser cualquiera de los siete fascistas que la vejaron y violaron, decidió tener el bebé, Santiago y ella nunca se separaron, en Ciego de Ávila nació Secundino y el amor eterno.

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Cascada en el barranco de Los Cernícalos (Telde)

jueves, 16 de noviembre de 2017

El viento, el olor a ensaimadas, la tristeza

La rica fragancia de las ensaimadas recién salidas del horno en la dulcería “La Madrileña” en Triana, se mezclaba con el olor del carburante de los coches, un tráfico ensordecedor de ida y vuelta por la vieja calle, se acercaban las navidades del 65 y el Palacio de los Juguetes estaba abarrotado de madres que encargaban los Reyes a sus hijos pagando en varios plazos de “fiado”, en la primera planta del colegio Santa Rosa de Lima se escuchaban los acordes de la escuela de timple de Totoyo Millares.

La Policía Armada recorría las dos aceras con metralletas en las manos entre la multitud, miraban a los miles de rostros como tratando de encontrar alguna facción subversiva, un color de ojos sospechoso, una boca roja, una nariz orientada a la izquierda, tipos grises no solo de uniforme, tristes, haciendo cada día el mismo recorrido desde la Plaza de la Feria al mercado de Vegueta, buscando los restos de una resistencia casi inexistente, conscientes de que en su mayoría llenaba los pozos y simas volcánicas de la nebulosa isla redonda.

Esa tarde de diciembre se vieron Germán Pirez y Fernando Sosa, ambos fijaron sus ojos en los del otro y siguieron andando sin saludarse, el mínimo gesto podía ser sospechoso, siguieron avanzando hasta el Puente Palo a unos metros de distancia. Sosa observaba curioso la peculiar forma de caminar de Pirez, sus pasos lentos, la energía de sus manos de ajedrecista, de heroico luchador antifascista, primero en el Quinto Regimiento en Madrid, más tarde en el exilio como partisano de la Francia ocupada pos los nazis.

Germán miraba de reojo, parecía controlar todo lo que sucedía a su alrededor, como si tuviera ojos en la nuca, una visión más allá de su vista, un sexto sentido, tantos de años de clandestinidad desde que decidió regresar a España en el año 1952.

Se adentraron en las calles de Vegueta, Fernando entró en un bazar a comprar El Alcázar, se lo puso bajo el brazo sin ojearlo, caminó hacia la Plaza del Pilar Nuevo, Germán se quedó en la esquina de Pedro de Vera hablando unos instantes con una vendedora de flores, de pequeñas macetas con rosas multicolores, le compró un clavel blanco y se lo puso en la solapa, siguió andando elegante y entró a un bar en la trasera de la catedral.

En una de las mesas dos hombres mayores jugaban al ajedrez, el guerrillero se quedó mirando la partida, en menos de un minuto vio toda la estrategia en el tablero, supo enseguida las cuatro opciones posibles de jaque mate de los dos ejércitos de figuras, no dijo nada, sonrió levemente imaginando lo que haría si estuviera jugando en cualquiera de las dos sillas, pidió una cerveza y se sentó en la mesa del fondo, la más oscura, todavía con restos de pan bizcochado y queso duro.

Fernando entró abrigando su cuello con la bufanda del fuerte viento helado que inundaba las calles de Las Palmas, pidió un coñac, se frotó las manos mirando hacia la calle, a las palomas que revoloteaban tras una camioneta repleta de trigo.

Germán le hizo un gesto con la ceja y se sentaron juntos, no se saludaron aunque quisieran abrazarse tras doce años sin verse, hablaron en voz alta de fútbol para que el tendero escuchara todo, de las paradas épicas de Ricardo Zamora, del buen hacer de José Samitier, de la técnica depurada de Jacinto Quincoces, de lo bien que le iba al Barcelona con Ladislao Kubala.

En un instante el tono de voz bajó, no se escuchaba nada, parecía que en el bar no había nadie, solo los hombres en silencio jugando al ajedrez y dos seres invisibles en la última mesa:

-Chacho que ganas tenía de verte joder ¿Cómo estás camarada?- dijo Fernando con su mirada fija en los ojos de Germán.

-Combatiendo, organizado en la célula del Frontón, esto está muy mal, nos mataron a todos los hermanos, solo quedamos unos pocos organizados y en una fragilidad que se palpa- comentó Germán con las manos apretadas una contra la otra sobre la mesa-

-¿Qué puedo hacer por ustedes? Dime y estoy dispuesto a colaborar en lo que estimes querido amigo aunque me juegue la vida- habló Fernando con una voz que solo se podía escuchar a muy poca distancia, casi un susurro, mientras el tendero atendía a dos muchachas con el uniforme de la Sección Femenina que habían pedido un café en la barra.

Germán no dijo nada, solo lo miró y le hizo una señal picando un ojo, en la puerta había dos tipos altos con gabardina y sombrero, se levantó y pidió la cuenta, pagó con varias pesetas y salió a la calle, perdiéndose en el laberinto del barrio colonial.

Fernando se quedó solo, no probó el coñac, lo vació sin que nadie lo viera en el suelo, se encaminó hacia la puerta, los tipos altos se le quedaron mirando unos instantes, estaba tranquilo, tenía la documentación falsa desde que volvió de Venezuela, ya no se veía a Germán, el viento parecía arrasar por aquella levedad, el estómago revuelto, el miedo en la piel, ruido de pasos que solo podían ser de policías, pero no lo eran, eran niños que corrían saliendo del colegio de las monjas en la calle Reyes Católicos, una chiquilla pelirroja se le quedó mirando, lo saludó con la manita, la cara triste, él le contestó con una sonrisa, la tarde se avecinaba oscura y tormentosa.

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Pintura de Luis Felipe Noé

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Para la vida

-Lo fácil que sería tumbar este corrupto gobierno de los herederos de Franco, que sencillo sería salir todos a las calles y no volver a nuestras casas hasta que se marchen de España estos ladrones, ni su policía represora y fascista podría detenernos, qué fácil sería Teresita- dijo sereno en la cama del hospital del Sabinal Demófilo Umpierrez a su nieta cuando lo fue a visitar aquel sábado de enero.

-Abuelo ya no es como antes, ahora la gente está dormida, casi nadie lucha, esta gentuza del PP y del PSOE son la misma mierda, todo lo que hacen es para beneficiarse y llenar sus cuentas corrientes de dinero robado de las arcas públicas, los comunistas del PCE traicionaron y firmaron la Constitución y se jodió la cosa, perdonaron a todos los asesinos y torturadores fascistas con la Ley de Amnistía del 78 y ahora lo que llaman democracia no es más que un montaje con unos Borbones hasta el cuello de mierda, herederos del criminal general Franco- le contó su nieta Teresa Cabrera en el oído del pobre Demófilo entubado, con oxígeno y con el corazón latiendo pausadamente, como si en cualquier momento pudiera detenerse para siempre.

Al viejo le costaba hablar por el exceso de flema en sus pulmones y garganta, tardaba en arrancar y decir lo que pensaba, Teresa lo calmaba, le acariciaba su cabeza, su pelo blanco enredado olía a medicinas, la nauseabunda fragancia del alcohol y el agua oxigenada de los hospitales, de aquel rincón compartido con dos enfermos más, un espacio para la muerte, la esquina de los desahuciados.

Desde la otra cama otro señor mayor le sonreía, llevaban juntos casi cuatro meses, la complicidad los delataba:

-A por ellos Demófilo me cago en Dios, esta escoria no merece otra cosa que la lucha armada, hijos de puta, que me enfermaron tras toda mi vida trabajando en la cantera de San Lorenzo, aquí estoy con un cáncer de pulmón por la mierda de los productos químicos y el polvo de la toba basáltica de esos explotadores, malditos asesinos- exclamó con una voz casi inaudible Diego Sarmiento, vecino de El Saldo, obrero picador desde que apenas tenía doce años.

-Si nos dieran una metralleta a nosotros sabrían lo que es bueno estos jediondos del gobierno, la juventud de hoy no tiene cojones y se deja pisotear por un grupo de mafiosos que ocupan escaño en el Parlamento- musitó como una letanía Pablo Mederos desde la cama que estaba junto a la puerta, el paciente que nunca recibía visitas y se entretenía hablando con las familias de los otros, lo sabía todo, sabía que moriría en pocos meses por su avanzada cirrosis de hígado.

Teresita les llevaba chocolatinas, bombones, caramelos y se los daba a escondidas, hasta cigarros para Pablo que se los fumaba con la ventana abierta vigilando que no aparecieran las sanitarias:

-Si tuviera treinta años menos te cortejaría hasta tu casa cada día y sabrías lo que es un galán de verdad chiquilla preciosa- le decía siempre entre risas Diego mientras saboreaba el chocolate Cadbury.

Aquella habitación habilitada para la muerte emitía una especie de halo de resistencia, una cuadrilla unida para la vida, con sus más de treinta pastillas diarias, los pinchazos con las inyecciones de todo tipo de líquidos inútiles que nos les quitaban el dolor, solo se alegraban cuando venía la muchacha y les ponía música con su pequeño radio casete, tangos de Gardel, la voz inmensa y romántica de Javier Solis y sus “Sombras nada más entre tu vida y mi vida”, la voz rota de Louis Armstrong y su "Whats a Wonderful World", mientras los tres hombres sin destino movían sus manitas en una especie de mágica coreografía inventada.

Las canciones sonaban entre carcajadas roncas y desde fuera la gente que pasaba se quedaba extrañada, alguna enfermera se sumaba a la fiesta mientras metía morfina en las botellitas de suero, las cortas tardes de sábado se tornaban cálidas cual selva guerrillera, como si todavía existiera la esperanza.

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Pintura de Vincent van Gogh 

martes, 14 de noviembre de 2017

Canción triste de Tamaraceite

Ochenta años después de convertir Tamaraceite en un espacio para el terror, con cinco fusilados y decenas de desaparecidos por los fascistas, en esto que huele tan mal y que llaman “democracia a la española”, sigue pisoteado en sus derechos elementales este pueblo olvidado por los políticos, tipos y tipas que se aprovechan de la desvertebración social para sacar tajada de jugosas prebendas, las que genera un centro comercial de los más grandes de su Egggpaña cañí del “A por ellos oeee”.

Inauguran este noviembre triste su nuevo templo para el consumo, para arruinar lo poco que subsiste en la isla de Gran Canaria de pequeño y mediano comercio, “Los Alisios” lo llaman pomposamente, esos vientos eternos que antes regaban la abundante agricultura donde ahora solo hay cemento, hormigón, trabajadores en su mayoría extranjeros explotados, algunos viviendo en barracones inmundos, un terreno para la especulación llevada a los máximos extremos, la que algunas personas ingenuas y con buena fe llegaron a pensar que con un nuevo gobierno municipal en Las Palmas de Gran Canaria, de esos que llaman “del cambio”, se podría parar esta aberración, que a este barrio, antes municipio comunista y prospero se le iba a tener en cuenta, se le iba a dotar de infraestructuras adecuadas, se iba a terminar con el hambre infantil, la pobreza extrema, la drogadicción de la juventud, el analfabetismo, la exclusión social, los desahucios, el desarraigo, la tristeza de un pueblo trabajador sin salida.

Se les ve estos días trabajando a destajo, de noche y de día para esa grandiosa inauguración prevista para la próxima semana, tipos enchaquetados con cascos y planos bajo el brazo junto a políticos eufóricos, los que ni siquiera se han preocupado de crear accesos viales adecuados para evitar los atascos, no se ha previsto nada, solo que esta multinacional y sus sucursales isleñas pongan en marcha su nuevo desarrete colectivo, la huida hacia delante para vaciar los escasos bolsillos de la población de unas islas donde se bate récords en todo lo malo, en fracaso escolar, en hambre, en desempleo, en suicidios por motivos económicos, en familias sin ingresos, en gente que come de la basura, en niñas y niños que se desmayan en clase por no haber cenado ni desayunado, en corrupción política, donde también somos campeones oeoeoeeee.

La falta de respeto de esta vergonzosa casta política con las vecinas y vecinos de esta zona de la ciudad roza el fascismo, solo quieren nuestro riquísimo territorio agrícola, nuestro patrimonio natural, para los pelotazos de los “amigos” constructores, para los maletines, quizá los sobres que tan bien gestionan los del corrupto partido de la Gürtel y sus partidos filiales del régimen del 155.

Olvidados para todo menos para el cemento y las tramas que enriquecen a unos pocos sinvergüenzas a costa de nuestra miseria, nos veremos en unas semanas haciendo cola en los masivos atascos, entre las luces navideñas que ocultaran en esta destruida zona de la isla el verdadero rostro del abuso de poder, de la injusticia, del dolor y la miseria.

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Terrenos cultivados en Tamaraceite donde ahora solo hay cemento y 
especulación, al fondo la montaña de San Gregorio
(Imagen del blog "Un paseo por Tamaraceite")

Y aquel vuelo no era solo para pájaros

"(...) Ya en el fondo Ignacio era como uno más; nadie estaba extrañado y él parecía como si viviera de toda la vida en el mismísimo fondo de la Sima".

José Luis Morales

Los colocaron en varios grupos en la pequeña explanada de la Sima tras el largo trecho andando desde Caserones, el grupo de hombres no se podía casi mover porque las cuerdas se le clavaban en las muñecas, los falangistas hicieron un pasillo hasta la “Bajada de la muerte”, una especie de tobogán natural en la piedra que daba al vacío de casi cien metros:

-Primero los de Agaete que son los más jóvenes- dijo Juan Del Río que junto a Francisco Rubio y al hijo más viejo del Conde de la Vega, de nombre Borja, que eran quienes dirigían la operación esa madrugada de septiembre del 36.

Unos jóvenes fornidos de toda la vida trabajando la tierra, con camisas blancas, algunos con boinas negras, que se tambaleaban con los cuerpos magullados, tras una noche entera de torturas, desde que los detuvieron en la Vecindad de Enfrente del Valle de San Pedro, en fila de dos y rodeados por los fascistas los acercaban al abismo, los alzaban en volandas y los lanzaban de espalda y sin mediar palabra, en muchos casos sin darles el tiro en la nuca, por lo que caían vivos hasta el fondo de la chimenea volcánica.

Se escuchaban sus gritos de horror, los golpes violentos contras las afiladas paredes volcánicas, algunos no decían nada y se precipitaban en silencio hasta el fondo, se tardaba en llegar, segundos que se hacían eternos para quienes estaban arriba, hasta que se escuchaba un ruido seco, como cuando un saco de papas caía de los camiones de los terratenientes agrícolas, los mismos vehículos que ahora usaban para trasladar a quienes iban a ser asesinados y desaparecidos.

Ignacio Morales temblaba de miedo y ya no sentía sus brazos atados a la espalda, iba viendo como tiraban a sus compañeros al agujero del diablo, uno a uno iluminados con la antorchas que sostenían los falanges más jóvenes.

No dejaba de pensar en su madre que se había quedado sola cuando lo sacaron hacía tres días de su humilde casa de Agüimes, la enfermedad de su vieja le impedía caminar y estaba postrada en su cama, el cáncer se la comía, no pudo hacer nada para que no se llevaran a su chiquillo, ni siquiera don Antonio el cura de Ingenio que vino a verla como hacía cada quince días puedo evitar la detención:

-Mi niño no ha hecho nada, no ve que no tiene más de quince años, el solo iba a las reuniones de la Sociedad Obrera porque había muchachas que le gustaban- le decía Angélica Hernández al sacerdote que negaba con la cabeza y se persignaba.

Ignacio esperaba resignado el momento de ser asesinado, había una brisa helada que venía de las costas de Bocabarranco, no aguantaba el frío y ni siquiera tenía fuerzas para intentar salir corriendo, lanzarse por la ladera sobre la tabaibas gigantes, pero no podía, le dolía la espalda, las piernas, el estómago, fueron demasiados golpes, pensaba, mientra tiraban al último de los hombres y llegaba su turno:

-Traigan a esta maricona que tenemos que bajar ya a la casa de putas de Candidita- dijo Del Río Ayala descorchando una botella de ron del Charco, ante la mirada atónita del resto de falangistas.

-Es casi un niño mi amo- exclamó el mayordomo del conde Eustasio López, que tenía un tic nervioso que le hacía mover los hombros, abriendo la boca compulsivamente en una mueca que daba miedo en aquella oscuridad.

-¿Y si le metemos una jalada y lo dejamos tirado por aquí?- gritó borracho como una cuba el requeté de Telde Juan Curbelo, al ver que iban a tirar a la Sima a un menor de edad.

El jefe Francisco Rubio Guerra los mandó a callar y ordenó que lo arrojaran al agujero:

-Aquí no es cuestión de edades señores, este hijo de puta es un rojo y da igual que tenga cinco o cincuenta años, la consigna de la Santa Cruzada es acabar con toda esta escoria-
Ignacio se mantenía erguido, no agachó la cabeza y los miraba a la cara, sentía miedo, pero quería mantener la dignidad hasta el último momento y habló con la voz rota:

-Así matan los fascistas a un hombre indefenso, los que hablan de patria y unidad de España no son más que unos asesinos cobardes- no había terminado la frase cuando el guardia civil de Las Palmas Esteban Junco le golpeó en la espalda con la culata del máuser.

El muchacho cayó al suelo destrozándose la nariz contra el picón, quedando unos instantes inconsciente, hasta que abrió los ojos y vio como dos falangistas lo habían colocado de espaldas en el filo de la Sima, no dijo nada, se mantuvo mirándolos hasta que lo tiraron con un fuerte empujón.

Se vio en el vacío, solo se dio un golpe con uno de los laterales que lo desplazó del nuevo al centro hasta caer sobre los cuerpos de sus compañeros.

Sintió que no podía mover las piernas, un terrible dolor en el brazo derecho, sintió que lo tenía fracturado, las cuerdas se habían roto en la caída, sintió el calor de su camaradas destrozados, y abundante sangre, se arrastró como una serpiente unos veinte metros hasta llegar a uno de los extremos del abismo, miró hacia arriba y vio la luz del amanecer que iluminaba el infierno, le pareció una catedral inmensa, ya no tenía frío, olía como la lonja de la carne por la mañana, cuando Juan “El Carnicero” hacía su trabajo junto a la iglesia de San Sebastián.

También vio muchos cráneos, huesos amontonados, también cadáveres en estado de descomposición que habían arrojado hacía días, quizás semanas o meses, también a varias mujeres con sus vestidos destrozados, dos chicas morenas muy jóvenes, pudo reconocer a la maestra de Agüimes Maribel Castro que estaba en un rincón en posición fetal, pensó que también había sobrevivido a la caída para luego morir desangrada.

De sus piernas y cuello no paraba de manar la sangre hasta que decidió dejarse ir, abandonarse a la tierna caricia de la muerte.

Se acostó boca arriba y se dio cuenta de que no se escuchaba nada, arriba los fascistas se habían marchado, un silencio que no le daba miedo, que lo relajaba sabiendo que ya era el final de la dulce vida, se acordó de nuevo de su madre, dormido profundamente soñaba con las flores de Guayadeque, con el agua que corría imparable por el barranco de las momias ancestrales.

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Portada del libro Sima Jinámar de José Luis Morales